El sastre de Panamá

No se escapa a nadie que “El sastre de Panamá” de John Le Carré y “Nuestro hombre en La Habana” de Graham Green tienen ciertas concomitancias, en especial a mi entender dos; una de ellas escenario, Cuba y Panamá, la Centro América “patio trasero” de Estados Unidos, aunque cada una de ellas en momentos históricos diferentes, claro. El otro parecido es eso que diríamos “la farsa del espionaje” que Le Carré apreció en ciertos momentos históricos alrededor de la guerra fría, en sus momentos finales o tras la caída de la Unión Soviética. Como es natural en mí, me decanto por Le Carré, obviamente, pues el sastre Harry Pendel y desde luego el impresentable Andrew Osnard son tan vivos y reales que uno cree conocerlos personalmente. El periodo histórico presentado, el cambio de manos de la propiedad del canal de Panamá, es uno de esos casos reales que Le Carré conoce tan bien y que en la vida real ya sabemos cómo acabó, con la muerte del general Omar Torrijos y del político Jaime Roldós y la utilizaci´n, derribo y encarcelamiento de Manuel Antonio Noriega. Las aventuras de un sastre con los ojos y los oídos abiertos, utilizado por los servicios de Inteligencia, por Osnard básicamente, va paralelo a la falta de escrúpulos del mismo Osnard y a la ambición de Estados Unidos, el Reino Unido, China y diferentes corporaciones privadas para controlar el canal. Finalmente, el personaje de Mickie, el idealista, recuerda a esos elementos perdidos en el mar de la política internacional, tan queridos por Le Carré, como Leamas, como Justyn, o como Isa.

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