El jardinero fiel y otras reflexiones

Alguien, seguramente con escaso conocimiento, dijo que John Le Carré ya no sería lo mismo una vez liquidada la Unión Soviética y con ella la Guerra Fría. El error de esa afirmación, evidente, se empezó a plasmar poco después con la publicación de “El infiltrado” y seguiría con “El sastre de Panamá”, “Single y Single” y la magnífica “El jardinero fiel“. En “El jardinero fiel” Le Carré muestra una vez más su lado más crítico y analítico de lo que significa el poder, lo ejerza quien lo ejerza y desde luego expone que en el mundo post soviético el mal, el abuso y desde luego el trabajo de los servicios de Inteligencia, siguen existiendo dando argumentos a un novelista de su talla.

En “El jardinero fiel” queda de manifiesto una vez más la delgada línea que separa la novela de espías de la realidad del espionaje, pues  las aventuras y desventuras de Justin Quayle y sobre todo de su esposa Tessa no se alejan gran cosa de lo que sabemos sobre la labor, por llamarla de alguna manera, de las grandes compañías farmacéuticas que ensayan sus productos (por si alguien no lo sabe) entre las poblaciones desprotegidas de África. El escenario, Kenia básicamente, pero que se extiende por el África Oriental, nos podría remitir también a la República Democrática del Congo, a Liberia o a Sierra Leona donde los experimentos farmacéuticos, la extracción de coltán o de diamantes, convierte a esa parte del continente en un auténtico infierno. Una vez más en la extensa bibliografía de Le Carré, llama la atención la creación de extraordinarios personajes que, como explica en sus memorias, “Volar en Círculos”, están siempre basados en gentes que ha conocido en el proceloso mundo de los servicios secretos y de la política internacional, así no es solo Quayle o Tessa sino Pellegrin, Sandy o Kenneth Curtiss que responden a personajes tan reales como la vida misma. Hay que señalar también que, lejos del positivismo y optimismo de la versión cinematográfica, por otro lado muy buena, la novela como Le Carré es mucho más realista y no hace concesiones al final feliz.

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