Un espía entre amigos

“Un espía entre amigos” de Ben Macintyre es uno de esos libros que me habían recomendado desde varios puntos cardinales. Después de leer “El intocable” creía que iba a ser difícil que un nuevo libro sobre espionaje me atrapara de la misma manera, pero he aquí que “Un espía entre amigos” lo ha conseguido. El trabajo de Macintyre es una ardua investigación sobre un personaje irrepetible, Kim Philby, el más auténtico de los espías de Cambridge, siempre desde el punto de vista que el título mismo resalta. Cuesta trabajo considerar a Philby un traidor y no en vano el epílogo del libro está escrito por John Le Carré pues nadie mejor que él para detectar la personalidad de Philby.

La frase de Le Carré, que siempre me ha parecido magnífica, “traicionamos para ser leales” parece hecha para definir la acción de Kim Philby y a lo largo de las 364 páginas en que se narra la historia del mayor traidor de todos los tiempos, según la prensa británica, se va desgranando la vida, la doble vida, de un personaje seductor, inteligente y totalmente entregado a su labor de espionaje al servicio de la Unión Soviética. Confieso que Macintyre, o mejor dicho Philby han conseguido crear en mi la empatía por un personaje al que cuesta trabajo juzgar, claro que desde la distancia y en un país que no ha sido perjudicado por sus acciones, pero en cierto modo incluso sus mejores amigos, el norteamericano Angleton, su compañero Elliot o sus esposas dan la sensación de que, a pesar de todo, nunca llegaron a romper afectivamente con él, si por afecto se puede entender también la frustración y la sensación de sentir traicionado su amor. A lo largo del libro, de un modo más prosaico, van saliendo los trabajos profesionales de Kim Philby, sus traiciones podría decirse, descubriendo agentes británicos o de otros países aliados contra la Unión Soviética, una larga lista con sus muertos, torturados y desaparecidos, pero la historia permanece como un ejemplo vivo de lo que fue la guerra fría colocando en la cumbre a un agente doble único, inglés hasta la médula y sin embargo totalmente entregado el proyecto soviético de transformar el mundo. ¿Ingenuo? No, nada de eso, como queda de manifiesto en el libro, Philby estaba muy por encima de sus compañeros de Cambridge, totalmente entregado a la Rusia de Stalin sin ninguna duda. Un hombre y un libro excepcional.

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