Verdad y mentira en la política

Releer a Hannah Arendt es un ejercicio de limpieza mental en los tiempos en que estamos en los que la corrupción política, la mentira y el engaño parecen ser producto de circunstancias concretas. Los dos ensayos que componen el libro “Verdad y mentira en la política” editado por Página Indómita en 2016, “Verdad y política” y “La mentira en política“, fueron escritos en los años sesenta y setenta, ambos alrededor de la guerra fría y sobre todo de la guerra de Vietnam. La tesis fundamental de ambos ensayos, que política y verdad no tienen nada que ver y son antitéticas, nos remite al fondo de la cuestión y pone en claro que lo que ocurre hoy en día, una acumulación de mentiras de los poderes públicos para justificar sus acciones, es algo que no se acaba de inventar y no significa que hoy los políticos sean más falsos que los de treinta años atrás.

La búsqueda de la verdad la coloca Arendt en la esfera de la filosofía y cuando esa búsqueda de la verdad baja a la arena política se convierte en un incordio para el poder, un peligro que muchas veces se solventa persiguiendo, exiliando o matando al filósofo atrevido. El análisis alrededor de los llamados “Papeles del Pentágono”  cuenta cómo desde la Casablanca de Kennedy, Johnson y Nixon se confeccionó un continuum de mentiras para justificar la intervención en Vietnam, absolutamente innecesaria y errónea incluso desde el punto de vista de gran parte de altos oficiales del Ejército de Estados Unidos y sobre todo de sus servicios de inteligencia. Mi lectura del trabajo de Hannah Arendt ha venido a coincidir, casualmente, con la conferencia que el profesor J.J. Sanmartin dio en el INAP el pasado 15 de marzo “El presidencialismo en Estados Unidos y el desafío antipolítico de Donald Trump” y en la que el ilustre especialista en Inteligencia de la Universidad de Alicante puso al nuevo presidente de Estados Unidos en su sitio, como adalid de la “boutade”, la mentira y la manipulación, tal y como Hannah Arendt lo hubiera clasificado de haberle conocido. Lo que más me ha llamado la atención en este momento histórico es que Arendt, al hablar del inmenso fraude de la guerra de Vietnam, sólo salva de la quema la labor de los servicios de Inteligencia norteamericanos que jamás dieron informes que colocaran a Vietnam del Norte como un peligro para la seguridad de sus vecinos, ni siquiera de Vietnam del Sur y mucho menos de Estados Unidos. Algo semejante sucedió, es cosa sabida, con la aventura de Irak , escandalosamente falsa, donde ni la CIA, ni el MI6 o la todopoderosa NSA dieron informe alguno sobre la existencia de “armas de destrucciòn masiva” en Irak.  Tal vez por todo esto es por lo que habría que revisar el prejucio existente contra los servicios de Inteligencia y empezar a pensar que, tal vez, las culpas de los desastres están en los que interpretan y toman las decisiones y no en los que informan de la situación.

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